Mis recorridos en la espiritualidad mágica (Parte Final)

Después de varios años de entrenamiento con quien había sido mi mentor, caminé solo durante bastante tiempo. Si bien tenía un grupo de amigos con quienes compartíamos algunas prácticas y experiencias a nivel mágico, yo sentía que quería ir más allá.

Recuerdo que, por aquel entonces, circulaba una publicación dedicada a la magia. No recuerdo ahora mismo su nombre, pero tenía artículos bastante interesantes. En una de sus secciones hablaban sobre el Sendero de la Mano Izquierda y mencionaban una orden latinoamericana que, al menos sobre el papel, parecía tener una propuesta atractiva. Quizás era algo ecléctica, pero tenía buena pinta.

Lo primero que hice fue intentar ponerme en contacto con la orden. Por motivos de privacidad y, sobre todo, para evitar dramas innecesarios, no voy a dar su nombre. Además, ya no está en funcionamiento y prefiero dejar ciertas cosas donde están.

Si la menciono y hablo de ella, es simplemente porque fue la primera orden de la que formé parte y porque, gracias a ese grupo, pude conocer el Sendero de la Mano Izquierda de una manera mucho más amplia y profunda.

No me llevó demasiado tiempo ser admitido. Después de pagar la membresía, responder varias preguntas y pasar por una entrevista, finalmente entré en la orden.

Me enviaron el material correspondiente al primer grado y pasé a trabajar como solitario, ya que en aquel momento no pertenecía a ningún subgrupo. En mi ciudad no había otros miembros; los más cercanos estaban en la capital, a unos 450 kilómetros de donde yo vivía.

Como mencioné, la orden era bastante ecléctica: magia rúnica, Tantra, vampirismo, magia lovecraftiana, magia de grimorio, magia del caos, neognosticismo… Todo me llamaba la atención.

Así estuve durante, por lo menos, un año, hablando con todos los miembros con los que podía entrar en contacto, aunque estaban dispersos por distintos lugares.

Después de aproximadamente un año, al parecer ya estaba listo para pasar al segundo grado. Para eso tuve que viajar a la capital y realizar una serie de pruebas en persona. Por lo visto, las superé sin mayores inconvenientes.

Allí conocí a todos los miembros del clan y continué algunos meses más dentro de la orden. Pasaron muchas cosas durante ese tiempo, pero creo que el motivo principal por el que terminé alejándome fueron los dramas internos, algunas personas que me exigían realizar maleficios contra gente que yo ni siquiera conocía y ciertas ideas políticas de ultraderecha con las que no me sentía identificado.

Quiero aclarar algo: no soy una persona especialmente política ni estoy alineado con ningún movimiento en particular. Simplemente hay determinadas ideas con las que no comulgo.

Después de eso conocí la antigua Dragon Rouge, una orden que en aquel momento gozaba de bastante prestigio y que tenía presencia en buena parte de Europa, además de otros lugares del mundo.

Tampoco me resultó demasiado difícil ingresar. De hecho, el proceso fue más bien automático: pagar la membresía, completar algunos requisitos básicos y poco más.

Tomé mi primer curso dentro de la orden, pensado específicamente para transitar el primer grado. Incluía numerosos ejercicios mensuales, material teórico y un foro en el que podíamos conversar, compartir experiencias y hacer preguntas.

Así fue pasando el tiempo y, con constancia, logré completar los tres primeros grados dentro de la orden.

Me enamoré muy rápido de la magia draconiana, de sus espíritus y de su manera de entender el mundo y la vida. La orden me daba muchas cosas: gente con la que hablar, grupos con los que trabajar y una estructura dentro de la cual seguir aprendiendo.

Pero, desafortunadamente, llegó un momento en que ya no podía avanzar más. Había poco espacio para los practicantes que no vivíamos en Europa, y los grados siguientes requerían cada vez más presencialidad. En aquel momento, mi situación estaba muy lejos de permitirme siquiera pensar en viajar por algo así.

Simplemente era imposible.

Así que tomé la triste decisión de dejar la orden y continuar con el Sendero Draconiano por mi cuenta. Al final, toda aquella filosofía hablaba precisamente de empoderamiento, autosuperación y de un camino que, en gran medida, debía recorrerse en soledad.

Comencé a leer todo lo que podía sobre magia draconiana. Los libros de Michael Kelly, por ejemplo, me resultaron muy útiles en aquel momento. Y todo lo que se publicaba sobre el tema, de una forma u otra, terminaba consumiéndolo.

Un buen día decidí participar con un ensayo en una obra editada por la ya desaparecida Logia Magan, una orden que había formado parte de Dragon Rouge, pero que luego se separó y continuó su camino de manera independiente.

Fue mi primera experiencia literaria y, sin lugar a dudas, una gran experiencia. Fue también allí donde conocí a Asenath Mason. Si bien ya conocía su obra, nunca antes había hablado con ella.

Comenzamos a intercambiar correos electrónicos y, un día, le pregunté si podía formar parte de su orden. Ella me dijo que sí, pero me advirtió que todo el material estaba en polaco.

Yo no lo dudé. Empecé a traducir todo con la ayuda de un diccionario y, de a poco, incluso fui aprendiendo algo del idioma. Para mí, el esfuerzo valía completamente la pena.

Nos fuimos haciendo amigos y compartimos años de trabajo. Teníamos una conexión increíble, algo que nunca había experimentado con ningún otro practicante: sueños, experiencias, visiones, sellos y una forma de entendernos dentro del trabajo mágico que resultaba muy difícil de explicar.

Debo decir que mi Sendero Draconiano estuvo profundamente influenciado por sus enseñanzas. Porque, además de una amiga, para mí fue también una maestra, y eso es algo que siempre voy a reconocer.

No solo me enseñó sobre magia; también me enseñó sobre arte, sensibilidad y otra manera de entender el trabajo creativo.

Los años pasaron y, por cosas de la vida que no voy a contar acá, nuestros caminos terminaron separándose. Fue una pérdida que me dolió muchísimo durante mucho tiempo.

Hoy no estamos en contacto, pero siempre voy a conservar muy buenos recuerdos de ella y de todo lo que compartimos.

Tras esa pérdida, mi camino volvió a ser solitario. Ya no formaba parte de ninguna orden; al contrario, preferí caminar por mi cuenta y construir mi sendero a mi manera.

Nunca dejé de estudiar, de practicar ni de experimentar, pero a partir de entonces lo hice en soledad.

Tuve un breve romance con el Templo de Set, pero aquel lugar estaba lejos de ser un espacio para mí. No fue una mala experiencia, pero tampoco sentí que me aportara demasiado.

Simplemente entendí que ese no era mi lugar y, una vez más, seguí caminando solo.

Mi vida cambió y yo también me transformé, tanto como persona como practicante. Después de muchos años en Argentina, partí hacia Italia, donde viví durante siete años. Más tarde me trasladé a Madrid, ciudad en la que resido actualmente.

¿Y qué decir? Mi realidad de hoy es muy distinta. También lo es mi espiritualidad mágica. Continúo trabajando en solitario, pero ya lejos del Sendero Draconiano y del Sendero de la Mano Izquierda.

Y sí, si se lo preguntan, hoy mi camino es el de la Brujería Tradicional. Al final, de algún modo, siento que siempre hubo algo de eso en mí. Es un camino en el que me siento pleno y feliz.

No creo contenido sobre este aspecto de mi práctica. Es algo mío, íntimo, que prefiero resguardar y guardar como un tesoro.

Sigo enseñando de vez en cuando, sigo publicando mis libros, sigo escribiendo en mi blog y sigo ofreciendo consultas de tarot y cartomancia.

No voy a extenderme mucho más. Espero que les haya gustado acompañarme en este recorrido y, como siempre, nos leemos muy pronto.

Saludos.

Add a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.