Mis recorridos en la espiritualidad mágica (Parte 1)

Hola a tod@s, espero que anden muy bien. En el día de hoy les vengo a contar cositas sobre mis recorridos en el mundo espiritual. Lo hago porque estoy en un momento único en mi vida y quiero compartir esto con ustedes. Espero no aburrirlos con lo que les voy a relatar.

Para quienes no lo sepan, tengo 44 años. Nací en Argentina, que es donde pasé la mayor parte de mi vida. Desde pequeño siempre tuve extrañas pesadillas. Durante años me acompañó algo que no sabía cómo explicarles a mis padres: soñaba que estaba dentro de la estática, como en los antiguos televisores. Allí no había arriba ni abajo, y el tiempo parecía pasar de una forma extrañamente lenta. Me despertaba sudado y muerto de miedo, así que me iba a la cama con mis papás y les decía que me dolía la panza, porque no sabía cómo explicar lo que me estaba pasando.

Aquello era de lo peor. Sentía una angustia terrible. Pero no era solo eso: también veía sombras alargadas que iban de un lado para otro por los pasillos de la casa. Por eso no me atrevía a levantarme para ir al baño y, cuando tenía que ir hasta la habitación de mis padres, juntaba todo el coraje que podía y salía corriendo.

Así estuve desde los cuatro hasta los once años. A esa edad falleció mi abuelo, a quien quería como a nadie. Era mi amigo, mi compañero, mi mentor. Al poco tiempo llegó el Día de Todos los Santos, y era costumbre encender una vela frente a su retrato. Recuerdo que estaba allí, mirando la vela que había encendido mi mamá, cuando la llama comenzó a comportarse de una manera extraña y captó por completo mi atención.

Empecé a hablarle. Le preguntaba si era mi abuelo, si tenía algo que decirme. Él siempre me había dicho que, el día en que ya no estuviera, buscaría la manera de hacerme saber si existía vida más allá del cuerpo. Lo que estaba ocurriendo con aquella vela lo tomé como una señal.

No recuerdo si fue esa misma noche o algún tiempo después, pero soñé con mi abuelo. Fue uno de los sueños más vívidos que tuve. Él estaba ahí conmigo y me dijo que sí, que la vida continuaba. Para mí, ese fue el comienzo de todo.

A partir de entonces empecé a hacer sesiones de espiritismo caseras. “Jugaba al juego de la copa” y llamaba a mi abuelo. Al principio parecía que era él, pero después me entusiasmé cada vez más con el tema, hasta llegar casi a la obsesión. Empecé a llamar a todo tipo de espíritus, y cualquier ocasión, cualquier momento, me parecía bueno para hacer una sesión: solo, con amigos e incluso con algunos miembros de mi familia.

Como era un buen chico, me iba bien en la escuela y no daba mayores problemas, mis padres no le prestaron demasiada atención. Yo iba a la biblioteca a buscar libros sobre espiritismo, brujería, magia y todo lo que pudiera encontrar relacionado con esos temas.

Claro que todo aquello tuvo su costo. Al poco tiempo empecé a ver todo tipo de cosas: sombras, figuras, gente que parecía pasar de un lado a otro. Recuerdo una vez que iba caminando y ya estaba anocheciendo cuando empecé a sentir que alguien venía detrás de mí. De pronto, escuché que me susurraban algo desagradable al oído. Me di vuelta y no había nadie. No me dieron las piernas para correr hasta mi casa.

También recuerdo que a veces me miraba en un espejo y sentía miedo de mi propio reflejo. Sabía que la imagen era yo, pero, aun así, había algo en ella que me resultaba inquietante.

Mis padres empezaron a preocuparse y me llevaron a una psicóloga. Después de un tiempo, ella les dijo que no parecía haber ningún problema de salud mental y que, en cambio, era posible que tuviera algún tipo de sensibilidad o capacidad para percibir otras cosas.

Fue una etapa muy dura para mí. Mis compañeros del colegio me hacían bullying: yo era “el raro”. Me fui quedando sin amigos y terminé bastante recluido.

Un buen día pasé por la puerta de la Escuela Científica Basilio y me animé a entrar. Hablé con los directores del lugar y les conté lo que me estaba pasando. Era una escuela espiritualista; se suponía que allí había médiums y personas que atravesaban experiencias similares a las mías.

Tengo que decir que me ayudaron bastante. Me enseñaron cómo cerrarme a esos seres espirituales y, aunque a mi padre no le gustaba nada que fuera allí ni que siguiera metido en “esas cosas raras”, también veía que aquello me ayudaba a dormir por las noches.

Estuve al menos un año con ellos, pero yo tenía otras curiosidades. Me interesaba lo que, en aquel momento, entendía como magia negra, y estaba fascinado con la figura del Diablo. El problema era que leer el tarot, hacer magia o utilizar la mediumnidad para algo que no estuviera dentro de lo que ellos profesaban era considerado incorrecto.

Así que, un buen día, dejé de ir. Después pasé un tiempo por otra escuela espiritista, pero fue un poco más de lo mismo. Y ahí comenzó mi búsqueda de la magia negra, del Diablo y de un pacto…

Espero que les haya gustado esta primera parte. Ya habrá nuevas entradas en las que les contaré cómo sigue todo.

Saludos.

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