Mis recorridos en la espiritualidad mágica (Parte 4)
A los dieciséis años empecé a trabajar en radio, tres veces por semana, en un programa que se llamaba Sexto Sentido. Era una radio pequeña, pero allí hablábamos de esoterismo y, durante la última media hora del programa, la gente llamaba por teléfono, dejaba su nombre, su fecha de nacimiento y una pregunta. Nosotros les respondíamos en el momento, sin cobrar nada.
Creo que la radio fue una de las experiencias más divertidas de mi vida. Por aquel entonces yo estaba empezando a ofrecer servicios de tarot de una manera más seria y también a realizar ciertos trabajos mágicos por encargo.
Y la verdad es que tengo que decir que me iba muy bien. La gente me tenía cariño y yo siempre intenté ofrecer un servicio serio, responsable y competente.
Era habitual que, al menos una vez por semana, llegara algún invitado especializado en un tema puntual. Por el programa pasó de todo: numerólogos, astrólogos, tarotistas, maestros de Reiki y muchos más.
Un buen día apareció el personaje más bizarro que podía haber conocido. Se hacía llamar Claudio Midir, era parapsicólogo y tarotista, y dio una disertación sobre fenómenos paranormales. Fue una exposición un poco más estructurada de lo que estábamos acostumbrados a tener en el programa, pero estuvo bien.
Al finalizar, salimos todos a comer, como hacíamos siempre, y él se nos sumó.
Claudio era un hombre joven, de unos treinta y pico. Tenía el cabello muy corto, rubio casi blanco, la piel aún más blanca y rosada, y los ojos claros, con una mirada fría y penetrante, aunque siempre estuviera sonriendo.
También había algo en su forma de vestir que llamaba la atención, casi como si perteneciera a otra época: chaqueta de cuero, pantalones de tiro alto y un extraño anillo con una calavera.
Yo siempre fui muy observador y enseguida sentí que había algo más detrás de aquel parapsicólogo. Empecé a darle charla y le mencioné la Wicca, algo que muy poca gente sabía de mí en ese momento. Para mi sorpresa, no solo conocía bastante del tema, sino que además resultaba evidente que había sido iniciado dentro de una tradición formal.
Después le hablé de satanismo. Por aquel entonces ya había leído La Biblia Satánica y estaba dando mis primeros pasos por ese camino. Claudio empezó a hablarme de LaVey con bastante conocimiento del tema, y eso terminó de sorprenderme.
Pasó un tiempo sin que volviéramos a verlo por la radio. Al fin y al cabo, había sido una persona invitada a hablar y, probablemente, también a dar a conocer sus servicios, pero no formaba parte del staff.
No podía dejar de pensar en todo lo que había hablado con él y, un buen día, me animé a llamarlo por teléfono. Respondió con una frase que después se volvería clásica en él: “Buenas tardes, sí”.
Le dije quién era, lo invité a tomar un café y fui directo al punto: “Quiero que me ayudes a hacer un pacto con el Diablo”.
Unos días después nos reunimos en un café. Charlamos largo y tendido, y me dijo con claridad que, más allá de ser parapsicólogo, era ocultista, practicante de magia e iniciado en varias corrientes esotéricas.
Por aquel entonces no se hablaba demasiado de Sendero de la Mano Izquierda o Sendero de la Mano Derecha; esos términos se volverían mucho más populares años después. En cambio, sí se hablaba de magia negra, y ese sería, al menos en principio, el camino por el que íbamos a comenzar.
Llegó el gran día. Yo tenía dos opciones: ir con él a un cementerio por la noche para hacer el pacto, o hacerlo en la casa de una amiga, que me haría el enorme favor de prestar el lugar para realizar una ceremonia en la que intentaríamos conjurar al Diablo.
Elegí esta última opción. A ver, tenía dieciséis años y, la verdad, todavía no confiaba del todo en aquel hombre.
No voy a dar ciertos detalles, pero fue allí donde realizamos la ceremonia. Fue mi primer pacto, mi primer contacto consciente con la magia negra y también el comienzo de un compromiso que, de una forma u otra, se ha mantenido a lo largo de los años hasta el día de hoy.
Pero después de aquello yo quería más, así que fui directo y le pregunté si podía ayudarme y enseñarme. Su respuesta fue sí.
Y ahí comenzaron muchos años de entrenamiento, pero también de manipulación, control y comportamientos profundamente dañinos.
A ver, yo a Claudio lo recuerdo con muchísimo cariño. Fue mi gran mentor, mi maestro, una persona a la que le debo buena parte de lo que sé o, por lo menos, quien me dio las bases sobre las que después construiría mi camino dentro de la magia.
Pero una cosa no quita la otra. Para mí era lo más parecido a un sociópata de manual: un manipulador extraordinario y, cuando quería, un jodido importante.
Con él hice cosas que creo que nunca llegué a hacer con otras personas. Participé de mi primera misa negra, utilicé magia sanguínea por primera vez, practiqué scrying, aprendí sobre necromancia, recorrí cementerios de madrugada y experimenté con todo tipo de rituales.
Por todo eso, y más allá de todo lo demás, siempre le voy a estar agradecido.
Sin embargo, con el paso de los años, los dos fuimos creciendo y yo empecé a cuestionar algunas cosas. Y eso terminó convirtiéndose en un problema.
Para cubrir determinadas cuestiones, Claudio fue construyendo una fantasía cada vez más oscura y turbia de la que yo no quise formar parte. Alejarme me dolió muchísimo, porque no había sido solo mi mentor, sino también un gran amigo.
Pero finalmente decidí apartarme antes de que todo terminara de una manera que, claramente, no iba a ser buena para nadie.
Quedarme solo fue duro, pero para entonces ya tenía las bases necesarias para empezar a caminar a mi manera. Formé mi propio coven junto a un grupo de amigos y a quien hoy es mi pareja.
Fueron varios años de práctica compartida, aprendizaje y experiencias muy divertidas. Pero, aun así, yo seguía sintiendo que quería más.
Mi búsqueda terminó llevándome hasta mi primera orden y, con ella, al Sendero de la Mano Izquierda, una filosofía de la que me enamoré perdidamente.
Pero aquel grupo, como tantas otras cosas que circulaban por entonces, no era lo que parecía. Detrás había una ideología neonazi, y todo eso forma parte de una historia que les contaré en la próxima entrada.
Gracias por leer y por todo el apoyo que me hacen llegar a través de sus mensajes.
D.B.
